COSIFICACIÓN DE LA MUJER EN EL CINE

por Veronica Villar


Con frecuencia me comentan que les parece exagerado eso de que “ahora todo cosifica a la mujer”, me hacen comentarios de que “es un simple comercial” o “solo es una escena, no toda la película” o “hay muchas películas, las personas eligen ir a ver esas” o “no es responsabilidad de los mercadotecnistas o cineastas, los valores se enseñan en casa”; en fin, es interminable la lista de argumentos  que esboza la gente para restarle importancia a la escena y/o imagen.

Y hay algo de razón en su argumento… si sólo fuera una imagen, si sólo fuera una escena, si no fuera un proceso, si no existieran imaginarios sociales lejos de la realidad, si no existieran estereotipos inalcanzables por la mayoría de los seres humanos, si no hubieran expectativas de la sociedad sobre lo que debe ser, hacer y parecer una mujer y un hombre, si no hubiera represalias por no cumplir con estas expectativas, si el poder fuera una forma de servir y no una forma de obtener privilegios. Si no le quitara humanidad a las mujeres.

Efectivamente hay películas de denuncia, de memoria histórica, de reivindicación. A veces nos sentimos con ganas de andar de luchadoras o luchadores sociales, a veces queremos documentarnos sobre un tema, pero a veces solo queremos distraernos sin mayor complicación, sin involucrar mayores cuestionamientos, algo simple.

Quizás es aquí donde pudiéramos caer en la trampa de lo cotidiano, de lo que nos es familiar, de lo “normal”, donde nos sentimos cómodos, porque es aquí dónde la violencia se vuelve invisible.

La cultura occidental está plagada de símbolos de descalificación a la mujer, de valorarla a través de su moral y su físico. Es lo que nos es familiar, lo que no cuestionamos, mujeres innecesariamente hipersexualizadas, ya sea como heroínas o en la bondad absoluta de ser madres y en la búsqueda constante de que les reconozca estos atributos un galán, del amor romántico como vida aspiracional de la mujer.

Prácticamente invisibles en actos reales trascendentales. Un ser mínimamente pensante (su área intelectual es dejada de lado), que es satélite de un ser protagonista (el hombre), como decoración, trofeo o apoyo. Negando su subjetividad, su historia de vida, como algo importante porque “todas son muy sentimentales”.

El problema es que el cine refuerce constantemente estos estereotipos, porque también lo hace la televisión, la publicidad, la radio, los colegios, la familia, las instituciones de gobierno, etc. Distorsionando la imagen que las propias mujeres crean de sí mismas.

No es una sola escena, es parte de un proceso, que permea la mente y el imaginario de las personas que viven y conviven en una sociedad. Es muy común oír a hombres decir que “las mujeres son lo más bello que Dios creó”, no somos jarrones ni floreros. Si alguien tiene duda en cuanto a que las mujeres son vistas como “objetos hermosos” reemplazables, porque como todo objeto en nuestra sociedad, pasa de moda, se maltrata, se hace viejo. Solo revisen cuantos señores cambian “el modelo antiguo” por uno más nuevo.